domingo, 28 de junio de 2009

Cine II

De la trilogía (o más, porque se van añadiendo títulos que tienen el común el tema de la familia (como puede ser “La caja de Pandora” o incluso “LOL”) que comentaré, (“El primer día del resto de tu vida” de Rémi Bezançon -n.1971-, ya explicada y que parte como favorita) la siguiente es “Tres días con la familia” de la directora y guionista también novel, Mar Coll -n.1981-.

Lástima que sea medio familiar nuestra (eso quizás me hace ser menos auténtica, de un lado o del otro) y no quiero entrar a juzgar que si ha logrado hacer una película y que le premien en un Festival de cine, ya es bastante logro.

Sólo hablo de la película y del guión. Como dirección pocas cosas que objetar: Insiste en los ínfimos detalles para dar realismo y cotidianidad a las escenas, aunque se escapa un poco de su control quizás, el sonido (parte de los diálogos no se entienden e incluso los actores se interrumpen).

Pero en si, la película, me ha parecido seria, demasiado seria y lenta, con un tema un poco trasnochado como es la crítica a la hipocresía en la sociedad burguesa, en este caso la catalana, con algún gazapo en el guión (la relación entre los padres de la protagonista, que se supone sólo se llevan bien por aparentar, pero que cuando están solos también se tratan con cariño, para acabar con la marcha airada de la madre insultando al padre). La relación entre los primos era como ver la de casa. Lástima que no puedas sentir aprecio por ninguno de los personajes (el más humano, el padre, es demasiado débil; la protagonista se está mereciendo un par de tortas durante toda la peli; la madre borracha; y los demás que a lo mejor están incluso mejor definidos, se pierden en una falta de sentimientos hacia el abuelo que muere, que casi es increíble.

Nada que ver con la pasión que despertaron en mí, los personajes de “El primer día del resto de tu vida”, a los que tras acompañarlos en 114 minutos, sentí y aún siento como integrantes de mi propia familia.

miércoles, 24 de junio de 2009

Para Merche y siguiendo con la conversación de ayer.

"La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil".
HOMERO. Poeta griego. Siglos IX-VIII aC.

No te equivoques, es innato al ser humano, pensar que las siguientes generaciones no están lo suficientemente educadas.

Yo creo que es un tema de autoestima de cada generación, una mezcla entre el consuelo necesario para adaptarnos a nuestra propia muerte (un: “ahí os quedáis, en el mundo que os corresponde”) y la soberbia propia del ser humano (un: “os lo dije y no me habéis escuchado”).

Lo que está claro y no hay duda, es que desde el principio de la humanidad hemos ido creyendo que las nuevas generaciones no estaban preparadas. No lo estaban como las anteriores, pero sí a su manera. Tampoco hay duda en que el mundo evoluciona hacia mejor: sanidad, investigación, defensa derechos humanos, mejoras sociales,… Por supuesto, aun estamos a mitad del camino (o menos) . El mundo no es perfecto, pero el futuro es suyo.

“El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer”. EPICTETO de Frigia. Filósofo grecolatino. Años 50-135 dC.

martes, 23 de junio de 2009

Cine I

La cuarta jornada de la "Primera fase de mi 50
cumpleaños. Junio, 2009".

Mis hijos me llevaron a ver "El primer día del resto de tu
vida" de Rémi Benzaçon. Casi, casi, me obligaron a ir
pero, ja, les coste una bolsa enorme de palomitas de 4
euros a cada uno (hablo de G. y N. claro). Cuando ví que
era francesa y supuse (temiéndolo) que sería
subtitulada, casi me hecho a temblar arrepentida de
haber cedido ante ellos y acompañarlos al cine. Por
suerte me compensaron con una cenita guai en un
mexicano y, entre coronita y coronita, me zampé unos
cuantos tacos, quesadillas, guacamole, chilaquiles,
nachos, sincronizadas,... que me supieron a gloria.

Así que me dispuse a ver la susodicha peli, y debo
reconocer que le encontré algo, no sé como decirlo, un
halo de realidad envolvía la cinta, todo eran situaciones
que podían estar pasando en mi propia familia.
Dificultades de pareja, afán de independencia de los
hijos, problemas íntimos de autoestima, de identidad, de
carencia de cariño y consideración por parte de los
otros, etc... de cada uno de los cinco miembros y del
abuelo, por añadidura. Y tampoco es sensiblera, aunque yo,

como lloro por todo, ya se sabe.

Reconozco, así en pequeño comité, sin que ellos se enteren
demasiado que puedo disfrutar de una buena película francesa
(con contenido y nada superficial) que es de las mejores películas
que he visto nunca: textura europea, ritmo y estructura sorprendentes,
un guión perfectamente ensamblado, comedia y drama
bien equilibradas, fotografía cuidada con desdén (parece
que sin quererlo, obtiene unos planos artísticamente
muy bien compuestos) y encima con una banda sonora
perfecta.

Buen rollo, la recomiendo totalmente.

domingo, 21 de junio de 2009

Primera fase de mi 50 cumpleaños. Junio, 2009.

Hola, hola (pajarito sin cola). “Ja som aquí”, ya hemos vuelto.

Os puedo tranquilizar, estoy curada. Dos días y medio de playa y piscina, sin ningún tipo de preocupación (ya que ni siquiera me preocupaba que lloviera) y a pesar de ciertas dolencias físicas que he sabido superar con valentía, lo demuestran.

Ha sido espantosamente corto, pero me ha servido para aclarar dos aspectos fundamentales de mi vida: SI PUEDO DISFRUTAR DEL “DOLCE FAR NIENTE” y SI SIGO TENIENDO UN CARÁCTER ABSOLUTAMENTE ADORABLE (soy alegre, cariñosa, despreocupada, apasionada,…)

A ver cuanto me dura, que llegue por lo menos a la verbena, no?

miércoles, 10 de junio de 2009

También se llama M. ¡Que casualidad! Yo, en cambio, no hace ni un año que la conozco. Y desde entonces la he debido ver, unas cinco veces. Pero congeniamos, podemos hablar y sentirnos a gusto, lo cuál ya es mucho. Era profesora de Filosofía, hasta que lo dejó para superar un cáncer de pecho del cuál estaba ya recuperada cuando la conocí. Tiene como tu M. dos hijas, y por lo poco que he visto, (en agosto pasado, estuvieron cada una en un campo de trabajo en África) educadas para ser solidarias, lo cual dice mucho de los padres. Ellos mismos tuvieron de acogida a una niña el julio pasado (momento que aprovecho la niña para abrirse la cabeza cayéndose de la bici). Pese a mi temperamento mucho menos participativo, congeniamos, ahora diría más bien, nos complementamos. Eso sí, su marido está a su lado. Es la persona que me parece mejor persona de todas las buenas personas que conozco. No es broma. Solo con pasar cerca de su casa y saludarle ya me hace sentirme feliz.

La vi el domingo de las elecciones, ninguna votamos. Ha adelgazado veinte quilos desde que la conocí, yo la veo mal y ella me ve, pese a los restos de mi “estado depresivo por desgaste emocional”, llena de energía. Pero en realidad, la que tiene energía es ella. Ha decidido vivir cueste lo que cueste, quizás hasta poniéndose una venda en los ojos, para no ver la realidad. A su pregunta de que si le notaba que había adelgazado, le dije, con mi espontánea sinceridad, que si, que la veía mal. Me enseñó su cicatriz que le atraviesa todo el tronco y yo la animé con aquello de que la mía después de tres cesáreas, tampoco era para volverse loca de alegría. Me explicó que está cuidando mucho su alimentación a base de papillas de arroz. Y yo frivolice con eso de que “estoy haciendo régimen también y ahora te traigo unas galletitas de arroz, buenísimas”. Casi no la dejé hablar, le empecé a explicar ciertos proyectos que se me acababan de ocurrir y logré ilusionarla, pero de verdad, me pidió si podría participar. Si supiera que soy una soñadora. Si supiera cuantas ideas que se me ocurren se quedan en eso, se quedan en ideas.

No sé si la volveré a ver, fijaos si está mal el asunto. Me pasé el viaje de vuelta lloriqueando. Sabemos que tenemos fecha de caducidad, pero no me acostumbro. Espero morir deprisa, no tendré fuerzas ni valor para otra cosa.
Era el principio de una amistad, que puede que nunca se haga realidad.
Nunca leerá esto, pero aún así, no tengo valor de dejarla sin ninguna ilusión. Los médicos no lo pueden todo, pero los médicos tampoco lo saben todo. Está en manos del destino (o de Dios o de la quimio), pero pase lo que pase, me alegro de haberla conocido.

Está claro que de todas las ideas que se me han ido ocurriendo a lo largo de la vida, la que le expliqué, pasa a ser un objetivo principal para mí, a partir de este momento. No quiero defraudarla.

martes, 2 de junio de 2009

Se puede discutir, pero me ha parecido que venía muy a cuento:

“…Serra es un escritor. Hace unos años supe que había tenido un hijo con una parálisis cerebral; le compadecí: no le compadecí por haber tenido un hijo con una parálisis cerebral –un hecho que ni siquiera sabía imaginar–, sino porque, dado que para un escritor de verdad sólo es del todo verdad lo que escribe, pensé que a partir de aquel momento Serra estaba condenado a intentar escribir un libro sobre su hijo;…”

Es de Cercas y todo el artículo está bien:

http://www-org.elpais.com/articulo/portada/hombre/invulnerable/elpepusoceps/20090531elpepspor_2/Tes

lunes, 1 de junio de 2009

En realidad no son mentiras. Fijate que las novelas que más me gustan, en general, son con las que de algún modo me identifico, las que tienen situaciones más reales, más normales (igual que en el cine, igual que en el arte, etc. Como no me considero una excepción seguro que le pasa a más gente. Aunque también puedo apreciar el subrealismo y la imaginación. La novela básicamente nos sirve a los lectores para poder entender las reaciones humanas desde otro punto de vista (bueno todo esto para mí). Pero creo que el artículo no va de escribir textos ni de novelar la vida, ni de mentiras dolorosas o no. Es una manera de ser (yo podría ser escritora he inventar mentiras, como tu dices, y no pasaría nada).

Vuelvo a citar el artículo:
"...Es gente que, por ejemplo, sólo te pregunta aquello que de verdad desea conocer. Gente que te cuestiona cosas que los demás dan por sabidas. Y que, cuando habla, intenta ir hasta el fondo de lo que quiere decir, con todas sus dudas y sus emociones. Sacan su verdad a pasear, desnuda y frágil como un caracol que ha perdido la concha. Hay algo deslumbrante en esta gente tan auténtica, y algo también un poco incómodo, porque su presencia te hace agudamente consciente del peso muerto de todos tus tópicos..."

Es una actitud en la que me reconozco, ni buena ni mala (aunque sí, rotundamente incomoda), ni siquiera elegida, es innata. Cuando alguién me pregunta ¿qué tal? yo hago lo que nadie hace, que es explicar que las cosas no me van bien, si no me van. Prácticamente no sé tener una conversación vanal (creo que lo sabes y los problemas en mis relaciones con los demás que me da: como dice mi hermano :"Tú, siempre haciendo amigos)". Lo había intentado explicar en otro momento y lo definí así:

"...porque prácticamente no se hablar de cosas que no impliquen poner todo mi corazón en ello. Se podría decir que si una conversación no tiene un nivel profundo de pensamiento, no le entro..."

Seguro que no estaba bien descrito, pero es un sentimiento especial y simplemente me he sentido identificada. Ni por un momento pienses que desprecio otros carácteres con los cuales es más fácil convivir.