Nos fuimos a Turquía del 16 al 23, con la excusa del 51 cumpleaños de JA y aprovechando los buenos precios del RACC.
Estupendo Guía (de ojos azules): Nduran
Estupendo Conductor (comedor de pipas de calabaza): Mustafá
Lo que aprendimos:
Günaydin: Buenos días (sólo mañanas)
Merhaba: Hola
Güle Güle: Adiós (el que se queda)
Sagol: Gracias
A 80 Km. de Esmirna, dónde llegamos en avión, se encuentra Éfeso, una de las ciudades antiguas mejor conservadas. También visitamos el templo de Artemisa y el museo de Selçuk (a 3 km).
- Bazar en el pueblo Sirince.
- Mileto y Dídima: El teatro y las termas de Mileto. Dídima tiene el templo de Apolo, bien conservado.
A 185 Km. de Éfeso, llegamos a Pamukkale (castillo de algodón) con sus piscinas calcáreas y a Hierápolis, con sus termas, teatro y necrópolis.
A 795 Km. de Éfeso, pasando por Konya, donde visitamos el Monasterio de los Derviches, llegamos a la Capadocia (Kapadokya).
Visitamos:
- La fortaleza de Uçhisar.
- El Valle de los Cazadores.
- La ciudad subterránea de Özkonak.
- Las posadas medievales del s. XIII (Ruta de la Seda) dónde comimos y en una de ellas, asistimos a la Danza de los Derviches (orden islámica prohibida en 1923).
- En el valle de Göreme existen 360 iglesias rupestres. Las iglesias primitivas de Güreme datan del s.III y IV: San Gabriel, Santa Bárbara, Iglesia de la serpiente o del dragón (San Onofre), Iglesia de las sandalias, Iglesia oscura (caída), Capilla de Santa Catalina (tumbas), San Basilio del s. XI, muchas decoradas con frescos del s.XI y XII. Los frescos originales conviven con frescos iconoclastas (sin representaciones de gente o animales).
- El Valle de las Espadas o del Amor (dónde caminamos)
- El Valle Pasabag (viña del pachá): con diferentes tipos de chimeneas.
- El Valle del Dromedario y más figuras (pareja bailando, ET besando a su madre, dos derviches, la virgen con el niño,…).
- Segunda fortaleza.
- El volcán Monte Argeo (3.917 metros)
Nos aficionamos al café turco.
Conocimos sobre todo, a T. y a E. Y disfrutamos mucho.
sábado, 28 de noviembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Frases para que Merche reflexione
"El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela". El Talmud, libro judio.
"La realidad es una alucinación causada por la falta de alcohol". Anónimo.
"La realidad es una alucinación causada por la falta de alcohol". Anónimo.
jueves, 29 de octubre de 2009
A vueltas con la amistad
Vale merche, ya le perdono. Pero tendrás que reconocer que en tu blog la palabra amistad suena un poco azucarada, y aquí es como más fuerte, con reproches, celos y humor.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Amistad
Se pueden decir tantas cosas,…Lo que es, lo que no es, lo que se siente, lo que no, lo que se espera, lo que no, los desengaños que produce, las satisfacciones, las posibilidades de compartir alegrías, penas, lágrimas, risas,…tantas cosas. Y tanto rollo para decir lo que tengo que decir:
No sé si podré perdonar a J. que se saltara el partido del español por otros amigos y no por mí. Nunca lo ha hecho por mí.
Lo dicho, no sé si podré.
No sé si podré perdonar a J. que se saltara el partido del español por otros amigos y no por mí. Nunca lo ha hecho por mí.
Lo dicho, no sé si podré.
martes, 20 de octubre de 2009
Maite
Maite ha muerto el 12 de octubre del 2009. No me pude despedir de ella.
La ausencia no por esperada es menos dolorosa.
La ausencia no por esperada es menos dolorosa.
domingo, 11 de octubre de 2009
Para Merche
Solución a la “Pregunta 1”: (SOLO PARA MUJERES)
Bolas chinas. Según el anuncio, si las usas así, de normal, por la calle, se te pone una sonrisita tonta y ojillos de besugo, que harán que tu pregunta pierda significado.
Bolas chinas. Según el anuncio, si las usas así, de normal, por la calle, se te pone una sonrisita tonta y ojillos de besugo, que harán que tu pregunta pierda significado.
lunes, 5 de octubre de 2009
La hipermnesia y Facebook de Emma Riverola, “El País” 04/10/2009
Extracto, es largo pero interesante:
Sólo tres o cuatro personas en el mundo padecen un extraño y cruel trastorno de la memoria, la hipermnesia. Es decir, la capacidad de retener todos los detalles de una vida. Y ese "todos" es lo que convierte a esta enfermedad en un tormento. Nada se borra. Nada se olvida. Se conservan todas las imágenes. Todas las palabras. Todas las emociones. Todos los regalos de cumpleaños. Todos los importes de todas las compras de toda una vida. Los momentos felices y los dolorosos. Lo sublime y la anécdota más estúpida. Para las personas afectadas, el pasado se torna una mochila cada vez más pesada. Un lastre obsesivo que les impide encarar libremente el futuro.
Por fortuna, las posibilidades de sufrir este síndrome son irrisorias. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo vivimos expuestas a quedar noqueadas por un directo del pasado en el momento más inesperado. A vernos sorprendidas por la resurrección de aquel episodio que la memoria había tenido el acierto de encerrar en el baúl de los recuerdos y tirar la llave al mar. Ese ataque repentino suele producirse de la mano de alguien tan inocente como un antiguo amigo del colegio, la novia de párvulos o la pandilla de los campamentos del 81 que nos ha localizado a través de Facebook. Asidos al teclado, nos sumergimos en un túnel del tiempo capaz de conducirnos al paraíso de la nostalgia o al infierno de unas heridas que ya creíamos cicatrizadas.
El pasado retorna en los colores alterados de las fotos digitalizadas. Del mismo modo que en el mañana se entremezclarán las imágenes, vídeos y comentarios del presente.
La vida es evolución. Todos tenemos derecho a cambiar, a contradecirnos, a realizar cuantos viajes ideológicos nos plazca y a defender, en cada momento, nuestro modo de pensar y actuar. La diferencia es que esa evolución, hasta ahora, era un periplo interior. Un trayecto que, a veces, compartíamos con otras personas. Compañeros de aventuras que el azar de la travesía obligaba a despedir en diferentes estaciones, en función del destino elegido por cada cual.
Ahora, Facebook, Twitter, Tuenti y otras redes sociales están convirtiendo el desarrollo personal en un crucero de masas. Los jóvenes crecen en la red, comparten cada minuto de su evolución y de su intimidad. Pérdida terrible de la vida privada, dirán unos. Aumento de la transparencia y la sinceridad, dirán otros. La única certeza es que, con sus pros y sus contras, el virus del exhibicionismo de los reality shows ha penetrado en nuestra conducta social.
Hay una necesidad, una obligación, de ser visibles. Somos la imagen que se refleja en los ojos de los demás. Y en esa obsesión por compartir la existencia se esconde un modo de reafirmar la identidad, de reclamar un lugar en el grupo y de lanzar al aire un ¡aquí estoy yo!, ¡contad conmigo!
El anonimato produce terror, del mismo modo que asusta la soledad. Las redes sociales son el espantajo que aleja el fantasma de la exclusión, el rincón de las voces que rompen el silencio y la tristeza. Frente a la pantalla del ordenador puedes sentir que formas parte de un grupo, que tienes un lugar donde volcar las emociones, donde compartir tu tiempo.
Pero la soledad también es una fuente de riqueza en nuestras vidas.En ella se
encuentra el germen del pensamiento, del arte, de nuestra propia identidad. En un mundo permanentemente conectado, los espacios de aislamiento se reducen hasta convertirse en preciadas perlas exóticas. Entonces, surge la duda. La incertidumbre de saber si la generación que está creciendo bajo el abrazo continuo de las redes sociales sabrá estar sola. Si al no haber recibido la dosis habitual de soledad adolescente, no resultará más vulnerable al sombrío y temible ataque del gregarismo.
Ni George Orwell pudo predecir las horas de diversión que produciría la renuncia a la vida privada. La alegría con que nos convertiríamos en una sociedad que se observa a sí misma. Con una sonrisa inocente y, sin ensuciarnos las manos, actuamos como un detective privado ante un cubo de basura, rebuscando el rastro de un nuevo empleado, de un amante o de un amigo. Sin una sombra de culpa o arrepentimiento. Todo vale, ya que hay consentimiento de por medio.
En este beneplácito es donde radica nuestra única capacidad de control. Aunque no deja de producir cierta inquietud saber que la memoria de Facebook es ilimitada. Y que en su cerebro se hallarán almacenados, por siempre, las imágenes, las palabras y las emociones de nuestra vida. Incluso cuando ésta ya sólo pertenezca al pasado.
Sólo tres o cuatro personas en el mundo padecen un extraño y cruel trastorno de la memoria, la hipermnesia. Es decir, la capacidad de retener todos los detalles de una vida. Y ese "todos" es lo que convierte a esta enfermedad en un tormento. Nada se borra. Nada se olvida. Se conservan todas las imágenes. Todas las palabras. Todas las emociones. Todos los regalos de cumpleaños. Todos los importes de todas las compras de toda una vida. Los momentos felices y los dolorosos. Lo sublime y la anécdota más estúpida. Para las personas afectadas, el pasado se torna una mochila cada vez más pesada. Un lastre obsesivo que les impide encarar libremente el futuro.
Por fortuna, las posibilidades de sufrir este síndrome son irrisorias. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo vivimos expuestas a quedar noqueadas por un directo del pasado en el momento más inesperado. A vernos sorprendidas por la resurrección de aquel episodio que la memoria había tenido el acierto de encerrar en el baúl de los recuerdos y tirar la llave al mar. Ese ataque repentino suele producirse de la mano de alguien tan inocente como un antiguo amigo del colegio, la novia de párvulos o la pandilla de los campamentos del 81 que nos ha localizado a través de Facebook. Asidos al teclado, nos sumergimos en un túnel del tiempo capaz de conducirnos al paraíso de la nostalgia o al infierno de unas heridas que ya creíamos cicatrizadas.
El pasado retorna en los colores alterados de las fotos digitalizadas. Del mismo modo que en el mañana se entremezclarán las imágenes, vídeos y comentarios del presente.
La vida es evolución. Todos tenemos derecho a cambiar, a contradecirnos, a realizar cuantos viajes ideológicos nos plazca y a defender, en cada momento, nuestro modo de pensar y actuar. La diferencia es que esa evolución, hasta ahora, era un periplo interior. Un trayecto que, a veces, compartíamos con otras personas. Compañeros de aventuras que el azar de la travesía obligaba a despedir en diferentes estaciones, en función del destino elegido por cada cual.
Ahora, Facebook, Twitter, Tuenti y otras redes sociales están convirtiendo el desarrollo personal en un crucero de masas. Los jóvenes crecen en la red, comparten cada minuto de su evolución y de su intimidad. Pérdida terrible de la vida privada, dirán unos. Aumento de la transparencia y la sinceridad, dirán otros. La única certeza es que, con sus pros y sus contras, el virus del exhibicionismo de los reality shows ha penetrado en nuestra conducta social.
Hay una necesidad, una obligación, de ser visibles. Somos la imagen que se refleja en los ojos de los demás. Y en esa obsesión por compartir la existencia se esconde un modo de reafirmar la identidad, de reclamar un lugar en el grupo y de lanzar al aire un ¡aquí estoy yo!, ¡contad conmigo!
El anonimato produce terror, del mismo modo que asusta la soledad. Las redes sociales son el espantajo que aleja el fantasma de la exclusión, el rincón de las voces que rompen el silencio y la tristeza. Frente a la pantalla del ordenador puedes sentir que formas parte de un grupo, que tienes un lugar donde volcar las emociones, donde compartir tu tiempo.
Pero la soledad también es una fuente de riqueza en nuestras vidas.En ella se
encuentra el germen del pensamiento, del arte, de nuestra propia identidad. En un mundo permanentemente conectado, los espacios de aislamiento se reducen hasta convertirse en preciadas perlas exóticas. Entonces, surge la duda. La incertidumbre de saber si la generación que está creciendo bajo el abrazo continuo de las redes sociales sabrá estar sola. Si al no haber recibido la dosis habitual de soledad adolescente, no resultará más vulnerable al sombrío y temible ataque del gregarismo.
Ni George Orwell pudo predecir las horas de diversión que produciría la renuncia a la vida privada. La alegría con que nos convertiríamos en una sociedad que se observa a sí misma. Con una sonrisa inocente y, sin ensuciarnos las manos, actuamos como un detective privado ante un cubo de basura, rebuscando el rastro de un nuevo empleado, de un amante o de un amigo. Sin una sombra de culpa o arrepentimiento. Todo vale, ya que hay consentimiento de por medio.
En este beneplácito es donde radica nuestra única capacidad de control. Aunque no deja de producir cierta inquietud saber que la memoria de Facebook es ilimitada. Y que en su cerebro se hallarán almacenados, por siempre, las imágenes, las palabras y las emociones de nuestra vida. Incluso cuando ésta ya sólo pertenezca al pasado.
martes, 29 de septiembre de 2009
Escapada a Aurizberri.
Puente de la Merced (acueducto tomado de forma personal, del 22 al 26).
Me sientan muy bien este tipo de escapadas, vuelvo más relajada: con más ganas de cocinar, con más dotes organizativas (después del fin de semana familiar en Cadaqués, ya estoy metida en la siguiente convocatoria de la familia Escribano Callol, para noviembre), capaz de ver el campo nuevo del Español y soportar los gritos de la “corba jove” de pie, todo el partido, y tomarme con filosofía + mirada incrédula los desaires del pequeño Nicolás, que sigue pensando que a los 18 años puede hacer lo que le da la gana (y lo que es peor, parece que nadie le puede convencer de lo contrario).
Cadaqués, estuvo muy bien si obvias que toda la tarde-noche del sábado estuvimos bebiendo, eso sí, fresquito vino blanco. En general, la familia Callol tiene una estupenda opinión de mí (que me parezco a mi madre, que soy abierta, simpática, etc...). La familia Escribano no tanto (que me parezco a mi padre, que soy arisca, mandona, etc...) Total que soy una mezcla perfecta. A pesar de todo y como les dije, me siento a gusto entre ellos, pues sé que me quieren (sigo siendo Isabelita). Ah! La casa nueva de Elena, de revista.
En Aurizberri, como siempre lectura, está vez “La enfermera de Brunete” de Manuel Maristany.
Sorprende que se publique en el 2007 y no tenga una visión izquierdosa de la guerra civil española (pasa de la denominada “insoportable superioridad moral de la izquierda” y reconoce que el gobierno de la República era débil). No hay que olvidar que la guerra civil, estalló ante la pretensión de parte de la población (y los políticos de turno) de instaurar un régimen comunista en España (régimen del cual ya conocemos sus efectos devastadores, o no?) y no consistió, como se dice ahora, en un golpe de estado contra el gobierno establecido legítimamente.
Si bien recuerdo “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz” de Gironella, con más cariño por haberlos leído hace ya muchos años esta, me parece también una novela bien escrita pese a que ciertos parajes (cuentos de hadas, románticos, inverosímiles -en aquel tiempo, me parece extraño que el protagonista se acueste con todas-) se hagan un poco pesados.
Total que lo mejor para mí, es el planteamiento del inicio de la guerra civil, que coincide plenamente con la explicación que me había dado mi padre, que tenía en 1936, 23 años y al cuál se le podía considerar la persona más ecuánime, formal y responsable que he conocido.
Y que conste que no la he acabado y aún puedo cambiar de parecer.
Me sientan muy bien este tipo de escapadas, vuelvo más relajada: con más ganas de cocinar, con más dotes organizativas (después del fin de semana familiar en Cadaqués, ya estoy metida en la siguiente convocatoria de la familia Escribano Callol, para noviembre), capaz de ver el campo nuevo del Español y soportar los gritos de la “corba jove” de pie, todo el partido, y tomarme con filosofía + mirada incrédula los desaires del pequeño Nicolás, que sigue pensando que a los 18 años puede hacer lo que le da la gana (y lo que es peor, parece que nadie le puede convencer de lo contrario).
Cadaqués, estuvo muy bien si obvias que toda la tarde-noche del sábado estuvimos bebiendo, eso sí, fresquito vino blanco. En general, la familia Callol tiene una estupenda opinión de mí (que me parezco a mi madre, que soy abierta, simpática, etc...). La familia Escribano no tanto (que me parezco a mi padre, que soy arisca, mandona, etc...) Total que soy una mezcla perfecta. A pesar de todo y como les dije, me siento a gusto entre ellos, pues sé que me quieren (sigo siendo Isabelita). Ah! La casa nueva de Elena, de revista.
En Aurizberri, como siempre lectura, está vez “La enfermera de Brunete” de Manuel Maristany.
Sorprende que se publique en el 2007 y no tenga una visión izquierdosa de la guerra civil española (pasa de la denominada “insoportable superioridad moral de la izquierda” y reconoce que el gobierno de la República era débil). No hay que olvidar que la guerra civil, estalló ante la pretensión de parte de la población (y los políticos de turno) de instaurar un régimen comunista en España (régimen del cual ya conocemos sus efectos devastadores, o no?) y no consistió, como se dice ahora, en un golpe de estado contra el gobierno establecido legítimamente.
Si bien recuerdo “Los cipreses creen en Dios”, “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz” de Gironella, con más cariño por haberlos leído hace ya muchos años esta, me parece también una novela bien escrita pese a que ciertos parajes (cuentos de hadas, románticos, inverosímiles -en aquel tiempo, me parece extraño que el protagonista se acueste con todas-) se hagan un poco pesados.
Total que lo mejor para mí, es el planteamiento del inicio de la guerra civil, que coincide plenamente con la explicación que me había dado mi padre, que tenía en 1936, 23 años y al cuál se le podía considerar la persona más ecuánime, formal y responsable que he conocido.
Y que conste que no la he acabado y aún puedo cambiar de parecer.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Verano 2009
Literatura: “Tokio Blues (Norwegian Wood)” de Murakami, me reafirma que entre Japón y yo existe una distancia escalofriante, todos se suicidan, son situaciones claustrofóbicas,…, no me atrae, no me acaba de convencer.
De la trilogiílla “Millennium” de Stieg Larsson, he leído el I “Los hombres que no amaban a las mujeres” y el II “La chica que soñaba con una caja de cerillas y un bidón de gasolina”, quedando pendiente el III “La reina en el palacio de las corrientes de aire”. La verdad es que los títulos son buenos. Y las novelas también. Te metes bien en la trama y aunque a veces resulta pesado en algunas explicaciones, los personajes son atractivos (todos admiramos a Lisbeth Salander).
En medio “El juego del Ángel” de Carlos Ruiz Zafón, que la verdad me desilusionó, porque es demasiado fantástico para mí, aunque si me habían gustado, en su momento, “Pandora en el Congo” de Alberto Sánchez Piñol y por supuesto, “La espuma de los días” de Boris Vian (también fantásticos y surrealistas).
Me regalaron (y aún no he leido) “El sentimiento negativo” de Risto Mejide (es uno de mis articulistas preferido), “La extraña desaparición de Esme Lennox” de Maggie O’Farrell y “Las 1001 películas que hay que ver antes de morir”.
DVD y películas: “El niño con el pijama de rayas”, “Los falsificadores” y “El hundimiento”, sobre nazis; “Caramel”, película libanesa para mujeres; “El largo domingo de noviazgo” (una historia de amor en la Primera Guerra mundial), “La ciudad de los niños perdidos” (surrealismo a tope), “Dejad de quererme” y “Hace mucho que te quiero”, francesas y, sobre todo esta última, muy recomendable. Además he visto dos veces “El primer día del resto de tu vida” que Claudia y Khalil tuvieron el buen detalle de regalarme. Y por supuesto las de la tele (en especial las del canal Etb2).
Excursiones: Pocas. Una con calor, al puerto de Mezquiriz, por el camino de Santiago; otra larga, 10 Km. más 5 de propina (por perdernos) en el embalse de Irabia (Selva de Iratí) con comida y todo y Martí; otra al valle de Sorogaín, más en coche que andando, pero fue definitiva pues elegimos nuestra “morada final”. El resto, simples paseos.
Mercados: Varias veces al de St. Jean Pied de Port a comprar sobre todo quesos.
Cumpleaños: El mío. Fuimos todos a Bilbao, al museo Guggenheim (comimos en el restaurante, tipo Berasategui), cenamos de poteo en el casco viejo. Al día siguiente, fuimos a Zarauz a comer al Karlos Arguiñano (no estuvo nada mal) y por la tarde playa y cena en Hondarribia (a dormir al Parador). El último día lo pasamos en San Sebastián llegando por el monte Jaizkivel (comida de chiquiteo). Fue realmente satisfactorio estar todos juntos, y el mejor regalo.
Familia: Estuvimos juntos (incluido Khalil) una semanita en total (el viaje más unos días en casa Auñamendi).
Amigos: Estuvimos con Maite y José, con Eduardo e Irene, con todos los Vicens (vinieron a ver la casa), con nuestros vecinos, con los Guinea que pasaron unos días con nosotros,… e hicimos nuevos: Resu, Teresa, Lidia, Magali, Andertxu,… Nos apuntamos en el Campeonato de Mus y podríamos haber ganado si no hubiera aceptado un órdago con dos treses (allí juegan con cuatro reyes de barba), pero quedé como una valiente. Comimos el zikiro (cordero asado) en el frontón del pueblo.
Entierros: El de Elena, la hija de Mª Ángeles, que murió en un accidente de coche cuando volvía al pueblo donde vivía, después de haber pasado las fiestas de San Bartolomé en Aurizberri, el 25 de agosto. Todo el pueblo estaba desconsolado.
De la trilogiílla “Millennium” de Stieg Larsson, he leído el I “Los hombres que no amaban a las mujeres” y el II “La chica que soñaba con una caja de cerillas y un bidón de gasolina”, quedando pendiente el III “La reina en el palacio de las corrientes de aire”. La verdad es que los títulos son buenos. Y las novelas también. Te metes bien en la trama y aunque a veces resulta pesado en algunas explicaciones, los personajes son atractivos (todos admiramos a Lisbeth Salander).
En medio “El juego del Ángel” de Carlos Ruiz Zafón, que la verdad me desilusionó, porque es demasiado fantástico para mí, aunque si me habían gustado, en su momento, “Pandora en el Congo” de Alberto Sánchez Piñol y por supuesto, “La espuma de los días” de Boris Vian (también fantásticos y surrealistas).
Me regalaron (y aún no he leido) “El sentimiento negativo” de Risto Mejide (es uno de mis articulistas preferido), “La extraña desaparición de Esme Lennox” de Maggie O’Farrell y “Las 1001 películas que hay que ver antes de morir”.
DVD y películas: “El niño con el pijama de rayas”, “Los falsificadores” y “El hundimiento”, sobre nazis; “Caramel”, película libanesa para mujeres; “El largo domingo de noviazgo” (una historia de amor en la Primera Guerra mundial), “La ciudad de los niños perdidos” (surrealismo a tope), “Dejad de quererme” y “Hace mucho que te quiero”, francesas y, sobre todo esta última, muy recomendable. Además he visto dos veces “El primer día del resto de tu vida” que Claudia y Khalil tuvieron el buen detalle de regalarme. Y por supuesto las de la tele (en especial las del canal Etb2).
Excursiones: Pocas. Una con calor, al puerto de Mezquiriz, por el camino de Santiago; otra larga, 10 Km. más 5 de propina (por perdernos) en el embalse de Irabia (Selva de Iratí) con comida y todo y Martí; otra al valle de Sorogaín, más en coche que andando, pero fue definitiva pues elegimos nuestra “morada final”. El resto, simples paseos.
Mercados: Varias veces al de St. Jean Pied de Port a comprar sobre todo quesos.
Cumpleaños: El mío. Fuimos todos a Bilbao, al museo Guggenheim (comimos en el restaurante, tipo Berasategui), cenamos de poteo en el casco viejo. Al día siguiente, fuimos a Zarauz a comer al Karlos Arguiñano (no estuvo nada mal) y por la tarde playa y cena en Hondarribia (a dormir al Parador). El último día lo pasamos en San Sebastián llegando por el monte Jaizkivel (comida de chiquiteo). Fue realmente satisfactorio estar todos juntos, y el mejor regalo.
Familia: Estuvimos juntos (incluido Khalil) una semanita en total (el viaje más unos días en casa Auñamendi).
Amigos: Estuvimos con Maite y José, con Eduardo e Irene, con todos los Vicens (vinieron a ver la casa), con nuestros vecinos, con los Guinea que pasaron unos días con nosotros,… e hicimos nuevos: Resu, Teresa, Lidia, Magali, Andertxu,… Nos apuntamos en el Campeonato de Mus y podríamos haber ganado si no hubiera aceptado un órdago con dos treses (allí juegan con cuatro reyes de barba), pero quedé como una valiente. Comimos el zikiro (cordero asado) en el frontón del pueblo.
Entierros: El de Elena, la hija de Mª Ángeles, que murió en un accidente de coche cuando volvía al pueblo donde vivía, después de haber pasado las fiestas de San Bartolomé en Aurizberri, el 25 de agosto. Todo el pueblo estaba desconsolado.
martes, 1 de septiembre de 2009
Hola.
Llevo dos días y ya tengo sobre mí el peso de la monotonía, no puede ser. No estoy de humor para bromitas, Merche. De momento no tengo ánimo para nada. Seguirá. Quizás.
miércoles, 29 de julio de 2009
Hasta septiembre, silencio.
Julio ha cumplido las expectativas: curso del lector provechoso y fisioterapia aprobada.
A partir de ahora, dejo en suspenso las conexiones.
Me voy. Desaparezco, a ver si consigo que el tiempo se detenga o ralentice, por lo menos.
Claudia, nos vemos el 9, para cenar.
Merche, os esperamos el 21/22 ya nos lo diréis (nosotros volveremos el viernes 28 por la tarde o el sábado 29 temprano).
A partir de ahora, dejo en suspenso las conexiones.
Me voy. Desaparezco, a ver si consigo que el tiempo se detenga o ralentice, por lo menos.
Claudia, nos vemos el 9, para cenar.
Merche, os esperamos el 21/22 ya nos lo diréis (nosotros volveremos el viernes 28 por la tarde o el sábado 29 temprano).
domingo, 26 de julio de 2009
Enferma
Merche, no te preocupes, empiezo con un nuevo antidepresivo que me hará ver las cosas de otra manera. Y mis entradas, serán más felices.
La de hoy, no, porque estoy griposa, y me encuentro fatal. Pero como ya he empezado a tomarlo, ya no creo que sea gripe A.
La de hoy, no, porque estoy griposa, y me encuentro fatal. Pero como ya he empezado a tomarlo, ya no creo que sea gripe A.
lunes, 20 de julio de 2009
Para Merche, sólo para Merche.
¿Por qué ahora el tema de la familia?
Porque es el que nos corresponde por edad.
Porque unos y otros se van y nos dejan solos.
Porque nos hacemos mayores y ocupamos, algunos ya, el escalafón de nuestros padres (ya sabes, el primero en la línea de salida).
Porque no sabemos si lo hemos hecho bien, y eso nos crea inseguridades.
Porque estamos sensibles (de un modo dramático, algunos).
Y lo más duro, porque sabemos que no pasará mucho tiempo, y aunque es doloroso, serán nuestros propios hijos los que ocuparan nuestro lugar y tenemos presente, que el tiempo también se les acaba a ellos.
(necesito urgentemente trabajo para dejar de escribir y de pensar)
Porque es el que nos corresponde por edad.
Porque unos y otros se van y nos dejan solos.
Porque nos hacemos mayores y ocupamos, algunos ya, el escalafón de nuestros padres (ya sabes, el primero en la línea de salida).
Porque no sabemos si lo hemos hecho bien, y eso nos crea inseguridades.
Porque estamos sensibles (de un modo dramático, algunos).
Y lo más duro, porque sabemos que no pasará mucho tiempo, y aunque es doloroso, serán nuestros propios hijos los que ocuparan nuestro lugar y tenemos presente, que el tiempo también se les acaba a ellos.
(necesito urgentemente trabajo para dejar de escribir y de pensar)
domingo, 19 de julio de 2009
Cine III.
De la trilogía que comencé con “El primer día del resto de tu vida” de Rémi Bezançon, seguí con “Tres días con la familia” de Mar Coll, queda por comentar “Still Walking” de Hirokazu Koreeda, director japonés, en este caso nacido en 1962, con otras películas y premios a sus espaldas. Para mí, desconocido igual que los anteriores directores.
Es muy diferente la película, porque aunque trata igualmente de la familia, del crecimiento de sus miembros, de la convivencia, de las pérdidas, está situada en una ciudad japonesa actual y eso ya de por sí, implica un cambio (interesante observarlo en la película) en la forma de vida, en el paisaje, en las costumbres,…
Relata un día y su noche en la vida de un par de ancianos que reúnen al resto de su familia (hijo e hija con sus correspondientes parejas e hijos) para conmemorar la muerte de su hijo primogénito, doce años antes.
El tratamiento es mucho más sosegado y poético que en cualquiera de los anteriores títulos comentados. Quizás por eso más lejano a mis sentidos. Pero los temas principales: el amor a la familia, la autoestima de los miembros y el paso del tiempo, de la vida, están ahí, como en las otras películas, reflejados de una manera natural, con sentido del humor (la abuela, por ejemplo, que aúna al suyo el que le falta al marido) y ternura.
Es muy diferente la película, porque aunque trata igualmente de la familia, del crecimiento de sus miembros, de la convivencia, de las pérdidas, está situada en una ciudad japonesa actual y eso ya de por sí, implica un cambio (interesante observarlo en la película) en la forma de vida, en el paisaje, en las costumbres,…
Relata un día y su noche en la vida de un par de ancianos que reúnen al resto de su familia (hijo e hija con sus correspondientes parejas e hijos) para conmemorar la muerte de su hijo primogénito, doce años antes.
El tratamiento es mucho más sosegado y poético que en cualquiera de los anteriores títulos comentados. Quizás por eso más lejano a mis sentidos. Pero los temas principales: el amor a la familia, la autoestima de los miembros y el paso del tiempo, de la vida, están ahí, como en las otras películas, reflejados de una manera natural, con sentido del humor (la abuela, por ejemplo, que aúna al suyo el que le falta al marido) y ternura.
miércoles, 15 de julio de 2009
Lecturas
¿Por qué leemos?
Hoy he encontrado este comentario que me ha parecido oportuno (y bien descrito):
“...Las personas que leen, a diferencia de las personas a las que les gusta hacer discursos sobre lo que supuestamente leen, son muy similares en todos los países: les une la curiosidad intelectual, la ausencia de prejuicios y el deseo de descubrir y gozar con la belleza de la literatura, de su lenguaje, de sus historias y personajes. Tanto da cual sea su pasaporte, color o idioma. Son lectores y tienen su propia nación.”
Carlos Ruiz Zafón.
Quizás la pregunta más adecuada, en mi caso particular sería: ¿Por qué pasaste dos años sin poder leer?
Si lo pienso bien, diría que no podía leer porque en mi profundo egoísmo, sólo podía pensar en mi dolor y no estaba dispuesta a que nada nuevo o interesante entrara en mi vida, no estaba interesada en sentir otra cosa que no fuera mi propio sufrimiento.
Mi contestación hubiera contenido “el revés” del porque me gusta leer:
leer es un acto de generosidad por parte del lector -en el cuál te abres a nuevas experiencias- que te permite recibir a cambio sentimientos, enriquecimiento personal, educación,…que a lo mejor ni siquiera buscas.
Hoy he encontrado este comentario que me ha parecido oportuno (y bien descrito):
“...Las personas que leen, a diferencia de las personas a las que les gusta hacer discursos sobre lo que supuestamente leen, son muy similares en todos los países: les une la curiosidad intelectual, la ausencia de prejuicios y el deseo de descubrir y gozar con la belleza de la literatura, de su lenguaje, de sus historias y personajes. Tanto da cual sea su pasaporte, color o idioma. Son lectores y tienen su propia nación.”
Carlos Ruiz Zafón.
Quizás la pregunta más adecuada, en mi caso particular sería: ¿Por qué pasaste dos años sin poder leer?
Si lo pienso bien, diría que no podía leer porque en mi profundo egoísmo, sólo podía pensar en mi dolor y no estaba dispuesta a que nada nuevo o interesante entrara en mi vida, no estaba interesada en sentir otra cosa que no fuera mi propio sufrimiento.
Mi contestación hubiera contenido “el revés” del porque me gusta leer:
leer es un acto de generosidad por parte del lector -en el cuál te abres a nuevas experiencias- que te permite recibir a cambio sentimientos, enriquecimiento personal, educación,…que a lo mejor ni siquiera buscas.
viernes, 10 de julio de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
Alfonso Escribano Isaba
8 de abril de 1913 - 2 de julio de 2002
MELANCOLÍA DE DESAPARECER
Y pensar que después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata,
cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de marchar, ¡yo solo! hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo¡
y ya no la veré desde mi caja!
Agustín de Foxá (1903-1959)
MELANCOLÍA DE DESAPARECER
Y pensar que después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata,
cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de marchar, ¡yo solo! hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo¡
y ya no la veré desde mi caja!
Agustín de Foxá (1903-1959)
domingo, 28 de junio de 2009
Cine II
De la trilogía (o más, porque se van añadiendo títulos que tienen el común el tema de la familia (como puede ser “La caja de Pandora” o incluso “LOL”) que comentaré, (“El primer día del resto de tu vida” de Rémi Bezançon -n.1971-, ya explicada y que parte como favorita) la siguiente es “Tres días con la familia” de la directora y guionista también novel, Mar Coll -n.1981-.
Lástima que sea medio familiar nuestra (eso quizás me hace ser menos auténtica, de un lado o del otro) y no quiero entrar a juzgar que si ha logrado hacer una película y que le premien en un Festival de cine, ya es bastante logro.
Sólo hablo de la película y del guión. Como dirección pocas cosas que objetar: Insiste en los ínfimos detalles para dar realismo y cotidianidad a las escenas, aunque se escapa un poco de su control quizás, el sonido (parte de los diálogos no se entienden e incluso los actores se interrumpen).
Pero en si, la película, me ha parecido seria, demasiado seria y lenta, con un tema un poco trasnochado como es la crítica a la hipocresía en la sociedad burguesa, en este caso la catalana, con algún gazapo en el guión (la relación entre los padres de la protagonista, que se supone sólo se llevan bien por aparentar, pero que cuando están solos también se tratan con cariño, para acabar con la marcha airada de la madre insultando al padre). La relación entre los primos era como ver la de casa. Lástima que no puedas sentir aprecio por ninguno de los personajes (el más humano, el padre, es demasiado débil; la protagonista se está mereciendo un par de tortas durante toda la peli; la madre borracha; y los demás que a lo mejor están incluso mejor definidos, se pierden en una falta de sentimientos hacia el abuelo que muere, que casi es increíble.
Nada que ver con la pasión que despertaron en mí, los personajes de “El primer día del resto de tu vida”, a los que tras acompañarlos en 114 minutos, sentí y aún siento como integrantes de mi propia familia.
Lástima que sea medio familiar nuestra (eso quizás me hace ser menos auténtica, de un lado o del otro) y no quiero entrar a juzgar que si ha logrado hacer una película y que le premien en un Festival de cine, ya es bastante logro.
Sólo hablo de la película y del guión. Como dirección pocas cosas que objetar: Insiste en los ínfimos detalles para dar realismo y cotidianidad a las escenas, aunque se escapa un poco de su control quizás, el sonido (parte de los diálogos no se entienden e incluso los actores se interrumpen).
Pero en si, la película, me ha parecido seria, demasiado seria y lenta, con un tema un poco trasnochado como es la crítica a la hipocresía en la sociedad burguesa, en este caso la catalana, con algún gazapo en el guión (la relación entre los padres de la protagonista, que se supone sólo se llevan bien por aparentar, pero que cuando están solos también se tratan con cariño, para acabar con la marcha airada de la madre insultando al padre). La relación entre los primos era como ver la de casa. Lástima que no puedas sentir aprecio por ninguno de los personajes (el más humano, el padre, es demasiado débil; la protagonista se está mereciendo un par de tortas durante toda la peli; la madre borracha; y los demás que a lo mejor están incluso mejor definidos, se pierden en una falta de sentimientos hacia el abuelo que muere, que casi es increíble.
Nada que ver con la pasión que despertaron en mí, los personajes de “El primer día del resto de tu vida”, a los que tras acompañarlos en 114 minutos, sentí y aún siento como integrantes de mi propia familia.
miércoles, 24 de junio de 2009
Para Merche y siguiendo con la conversación de ayer.
"La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil".
HOMERO. Poeta griego. Siglos IX-VIII aC.
No te equivoques, es innato al ser humano, pensar que las siguientes generaciones no están lo suficientemente educadas.
Yo creo que es un tema de autoestima de cada generación, una mezcla entre el consuelo necesario para adaptarnos a nuestra propia muerte (un: “ahí os quedáis, en el mundo que os corresponde”) y la soberbia propia del ser humano (un: “os lo dije y no me habéis escuchado”).
Lo que está claro y no hay duda, es que desde el principio de la humanidad hemos ido creyendo que las nuevas generaciones no estaban preparadas. No lo estaban como las anteriores, pero sí a su manera. Tampoco hay duda en que el mundo evoluciona hacia mejor: sanidad, investigación, defensa derechos humanos, mejoras sociales,… Por supuesto, aun estamos a mitad del camino (o menos) . El mundo no es perfecto, pero el futuro es suyo.
“El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer”. EPICTETO de Frigia. Filósofo grecolatino. Años 50-135 dC.
"La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil".
HOMERO. Poeta griego. Siglos IX-VIII aC.
No te equivoques, es innato al ser humano, pensar que las siguientes generaciones no están lo suficientemente educadas.
Yo creo que es un tema de autoestima de cada generación, una mezcla entre el consuelo necesario para adaptarnos a nuestra propia muerte (un: “ahí os quedáis, en el mundo que os corresponde”) y la soberbia propia del ser humano (un: “os lo dije y no me habéis escuchado”).
Lo que está claro y no hay duda, es que desde el principio de la humanidad hemos ido creyendo que las nuevas generaciones no estaban preparadas. No lo estaban como las anteriores, pero sí a su manera. Tampoco hay duda en que el mundo evoluciona hacia mejor: sanidad, investigación, defensa derechos humanos, mejoras sociales,… Por supuesto, aun estamos a mitad del camino (o menos) . El mundo no es perfecto, pero el futuro es suyo.
“El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer”. EPICTETO de Frigia. Filósofo grecolatino. Años 50-135 dC.
martes, 23 de junio de 2009
Cine I
La cuarta jornada de la "Primera fase de mi 50
cumpleaños. Junio, 2009".
Mis hijos me llevaron a ver "El primer día del resto de tu
vida" de Rémi Benzaçon. Casi, casi, me obligaron a ir
pero, ja, les coste una bolsa enorme de palomitas de 4
euros a cada uno (hablo de G. y N. claro). Cuando ví que
era francesa y supuse (temiéndolo) que sería
subtitulada, casi me hecho a temblar arrepentida de
haber cedido ante ellos y acompañarlos al cine. Por
suerte me compensaron con una cenita guai en un
mexicano y, entre coronita y coronita, me zampé unos
cuantos tacos, quesadillas, guacamole, chilaquiles,
nachos, sincronizadas,... que me supieron a gloria.
Así que me dispuse a ver la susodicha peli, y debo
reconocer que le encontré algo, no sé como decirlo, un
halo de realidad envolvía la cinta, todo eran situaciones
que podían estar pasando en mi propia familia.
Dificultades de pareja, afán de independencia de los
hijos, problemas íntimos de autoestima, de identidad, de
carencia de cariño y consideración por parte de los
otros, etc... de cada uno de los cinco miembros y del
abuelo, por añadidura. Y tampoco es sensiblera, aunque yo,
como lloro por todo, ya se sabe.
Reconozco, así en pequeño comité, sin que ellos se enteren
demasiado que puedo disfrutar de una buena película francesa
(con contenido y nada superficial) que es de las mejores películas
que he visto nunca: textura europea, ritmo y estructura sorprendentes,
un guión perfectamente ensamblado, comedia y drama
bien equilibradas, fotografía cuidada con desdén (parece
que sin quererlo, obtiene unos planos artísticamente
muy bien compuestos) y encima con una banda sonora
perfecta.
Buen rollo, la recomiendo totalmente.
cumpleaños. Junio, 2009".
Mis hijos me llevaron a ver "El primer día del resto de tu
vida" de Rémi Benzaçon. Casi, casi, me obligaron a ir
pero, ja, les coste una bolsa enorme de palomitas de 4
euros a cada uno (hablo de G. y N. claro). Cuando ví que
era francesa y supuse (temiéndolo) que sería
subtitulada, casi me hecho a temblar arrepentida de
haber cedido ante ellos y acompañarlos al cine. Por
suerte me compensaron con una cenita guai en un
mexicano y, entre coronita y coronita, me zampé unos
cuantos tacos, quesadillas, guacamole, chilaquiles,
nachos, sincronizadas,... que me supieron a gloria.
Así que me dispuse a ver la susodicha peli, y debo
reconocer que le encontré algo, no sé como decirlo, un
halo de realidad envolvía la cinta, todo eran situaciones
que podían estar pasando en mi propia familia.
Dificultades de pareja, afán de independencia de los
hijos, problemas íntimos de autoestima, de identidad, de
carencia de cariño y consideración por parte de los
otros, etc... de cada uno de los cinco miembros y del
abuelo, por añadidura. Y tampoco es sensiblera, aunque yo,
como lloro por todo, ya se sabe.
Reconozco, así en pequeño comité, sin que ellos se enteren
demasiado que puedo disfrutar de una buena película francesa
(con contenido y nada superficial) que es de las mejores películas
que he visto nunca: textura europea, ritmo y estructura sorprendentes,
un guión perfectamente ensamblado, comedia y drama
bien equilibradas, fotografía cuidada con desdén (parece
que sin quererlo, obtiene unos planos artísticamente
muy bien compuestos) y encima con una banda sonora
perfecta.
Buen rollo, la recomiendo totalmente.
domingo, 21 de junio de 2009
Primera fase de mi 50 cumpleaños. Junio, 2009.
Hola, hola (pajarito sin cola). “Ja som aquí”, ya hemos vuelto.
Os puedo tranquilizar, estoy curada. Dos días y medio de playa y piscina, sin ningún tipo de preocupación (ya que ni siquiera me preocupaba que lloviera) y a pesar de ciertas dolencias físicas que he sabido superar con valentía, lo demuestran.
Ha sido espantosamente corto, pero me ha servido para aclarar dos aspectos fundamentales de mi vida: SI PUEDO DISFRUTAR DEL “DOLCE FAR NIENTE” y SI SIGO TENIENDO UN CARÁCTER ABSOLUTAMENTE ADORABLE (soy alegre, cariñosa, despreocupada, apasionada,…)
A ver cuanto me dura, que llegue por lo menos a la verbena, no?
Hola, hola (pajarito sin cola). “Ja som aquí”, ya hemos vuelto.
Os puedo tranquilizar, estoy curada. Dos días y medio de playa y piscina, sin ningún tipo de preocupación (ya que ni siquiera me preocupaba que lloviera) y a pesar de ciertas dolencias físicas que he sabido superar con valentía, lo demuestran.
Ha sido espantosamente corto, pero me ha servido para aclarar dos aspectos fundamentales de mi vida: SI PUEDO DISFRUTAR DEL “DOLCE FAR NIENTE” y SI SIGO TENIENDO UN CARÁCTER ABSOLUTAMENTE ADORABLE (soy alegre, cariñosa, despreocupada, apasionada,…)
A ver cuanto me dura, que llegue por lo menos a la verbena, no?
miércoles, 10 de junio de 2009
También se llama M. ¡Que casualidad! Yo, en cambio, no hace ni un año que la conozco. Y desde entonces la he debido ver, unas cinco veces. Pero congeniamos, podemos hablar y sentirnos a gusto, lo cuál ya es mucho. Era profesora de Filosofía, hasta que lo dejó para superar un cáncer de pecho del cuál estaba ya recuperada cuando la conocí. Tiene como tu M. dos hijas, y por lo poco que he visto, (en agosto pasado, estuvieron cada una en un campo de trabajo en África) educadas para ser solidarias, lo cual dice mucho de los padres. Ellos mismos tuvieron de acogida a una niña el julio pasado (momento que aprovecho la niña para abrirse la cabeza cayéndose de la bici). Pese a mi temperamento mucho menos participativo, congeniamos, ahora diría más bien, nos complementamos. Eso sí, su marido está a su lado. Es la persona que me parece mejor persona de todas las buenas personas que conozco. No es broma. Solo con pasar cerca de su casa y saludarle ya me hace sentirme feliz.
La vi el domingo de las elecciones, ninguna votamos. Ha adelgazado veinte quilos desde que la conocí, yo la veo mal y ella me ve, pese a los restos de mi “estado depresivo por desgaste emocional”, llena de energía. Pero en realidad, la que tiene energía es ella. Ha decidido vivir cueste lo que cueste, quizás hasta poniéndose una venda en los ojos, para no ver la realidad. A su pregunta de que si le notaba que había adelgazado, le dije, con mi espontánea sinceridad, que si, que la veía mal. Me enseñó su cicatriz que le atraviesa todo el tronco y yo la animé con aquello de que la mía después de tres cesáreas, tampoco era para volverse loca de alegría. Me explicó que está cuidando mucho su alimentación a base de papillas de arroz. Y yo frivolice con eso de que “estoy haciendo régimen también y ahora te traigo unas galletitas de arroz, buenísimas”. Casi no la dejé hablar, le empecé a explicar ciertos proyectos que se me acababan de ocurrir y logré ilusionarla, pero de verdad, me pidió si podría participar. Si supiera que soy una soñadora. Si supiera cuantas ideas que se me ocurren se quedan en eso, se quedan en ideas.
No sé si la volveré a ver, fijaos si está mal el asunto. Me pasé el viaje de vuelta lloriqueando. Sabemos que tenemos fecha de caducidad, pero no me acostumbro. Espero morir deprisa, no tendré fuerzas ni valor para otra cosa.
Era el principio de una amistad, que puede que nunca se haga realidad.
Nunca leerá esto, pero aún así, no tengo valor de dejarla sin ninguna ilusión. Los médicos no lo pueden todo, pero los médicos tampoco lo saben todo. Está en manos del destino (o de Dios o de la quimio), pero pase lo que pase, me alegro de haberla conocido.
Está claro que de todas las ideas que se me han ido ocurriendo a lo largo de la vida, la que le expliqué, pasa a ser un objetivo principal para mí, a partir de este momento. No quiero defraudarla.
La vi el domingo de las elecciones, ninguna votamos. Ha adelgazado veinte quilos desde que la conocí, yo la veo mal y ella me ve, pese a los restos de mi “estado depresivo por desgaste emocional”, llena de energía. Pero en realidad, la que tiene energía es ella. Ha decidido vivir cueste lo que cueste, quizás hasta poniéndose una venda en los ojos, para no ver la realidad. A su pregunta de que si le notaba que había adelgazado, le dije, con mi espontánea sinceridad, que si, que la veía mal. Me enseñó su cicatriz que le atraviesa todo el tronco y yo la animé con aquello de que la mía después de tres cesáreas, tampoco era para volverse loca de alegría. Me explicó que está cuidando mucho su alimentación a base de papillas de arroz. Y yo frivolice con eso de que “estoy haciendo régimen también y ahora te traigo unas galletitas de arroz, buenísimas”. Casi no la dejé hablar, le empecé a explicar ciertos proyectos que se me acababan de ocurrir y logré ilusionarla, pero de verdad, me pidió si podría participar. Si supiera que soy una soñadora. Si supiera cuantas ideas que se me ocurren se quedan en eso, se quedan en ideas.
No sé si la volveré a ver, fijaos si está mal el asunto. Me pasé el viaje de vuelta lloriqueando. Sabemos que tenemos fecha de caducidad, pero no me acostumbro. Espero morir deprisa, no tendré fuerzas ni valor para otra cosa.
Era el principio de una amistad, que puede que nunca se haga realidad.
Nunca leerá esto, pero aún así, no tengo valor de dejarla sin ninguna ilusión. Los médicos no lo pueden todo, pero los médicos tampoco lo saben todo. Está en manos del destino (o de Dios o de la quimio), pero pase lo que pase, me alegro de haberla conocido.
Está claro que de todas las ideas que se me han ido ocurriendo a lo largo de la vida, la que le expliqué, pasa a ser un objetivo principal para mí, a partir de este momento. No quiero defraudarla.
martes, 2 de junio de 2009
Se puede discutir, pero me ha parecido que venía muy a cuento:
“…Serra es un escritor. Hace unos años supe que había tenido un hijo con una parálisis cerebral; le compadecí: no le compadecí por haber tenido un hijo con una parálisis cerebral –un hecho que ni siquiera sabía imaginar–, sino porque, dado que para un escritor de verdad sólo es del todo verdad lo que escribe, pensé que a partir de aquel momento Serra estaba condenado a intentar escribir un libro sobre su hijo;…”
Es de Cercas y todo el artículo está bien:
http://www-org.elpais.com/articulo/portada/hombre/invulnerable/elpepusoceps/20090531elpepspor_2/Tes
“…Serra es un escritor. Hace unos años supe que había tenido un hijo con una parálisis cerebral; le compadecí: no le compadecí por haber tenido un hijo con una parálisis cerebral –un hecho que ni siquiera sabía imaginar–, sino porque, dado que para un escritor de verdad sólo es del todo verdad lo que escribe, pensé que a partir de aquel momento Serra estaba condenado a intentar escribir un libro sobre su hijo;…”
Es de Cercas y todo el artículo está bien:
http://www-org.elpais.com/articulo/portada/hombre/invulnerable/elpepusoceps/20090531elpepspor_2/Tes
lunes, 1 de junio de 2009
En realidad no son mentiras. Fijate que las novelas que más me gustan, en general, son con las que de algún modo me identifico, las que tienen situaciones más reales, más normales (igual que en el cine, igual que en el arte, etc. Como no me considero una excepción seguro que le pasa a más gente. Aunque también puedo apreciar el subrealismo y la imaginación. La novela básicamente nos sirve a los lectores para poder entender las reaciones humanas desde otro punto de vista (bueno todo esto para mí). Pero creo que el artículo no va de escribir textos ni de novelar la vida, ni de mentiras dolorosas o no. Es una manera de ser (yo podría ser escritora he inventar mentiras, como tu dices, y no pasaría nada).
Vuelvo a citar el artículo:
"...Es gente que, por ejemplo, sólo te pregunta aquello que de verdad desea conocer. Gente que te cuestiona cosas que los demás dan por sabidas. Y que, cuando habla, intenta ir hasta el fondo de lo que quiere decir, con todas sus dudas y sus emociones. Sacan su verdad a pasear, desnuda y frágil como un caracol que ha perdido la concha. Hay algo deslumbrante en esta gente tan auténtica, y algo también un poco incómodo, porque su presencia te hace agudamente consciente del peso muerto de todos tus tópicos..."
Es una actitud en la que me reconozco, ni buena ni mala (aunque sí, rotundamente incomoda), ni siquiera elegida, es innata. Cuando alguién me pregunta ¿qué tal? yo hago lo que nadie hace, que es explicar que las cosas no me van bien, si no me van. Prácticamente no sé tener una conversación vanal (creo que lo sabes y los problemas en mis relaciones con los demás que me da: como dice mi hermano :"Tú, siempre haciendo amigos)". Lo había intentado explicar en otro momento y lo definí así:
"...porque prácticamente no se hablar de cosas que no impliquen poner todo mi corazón en ello. Se podría decir que si una conversación no tiene un nivel profundo de pensamiento, no le entro..."
Seguro que no estaba bien descrito, pero es un sentimiento especial y simplemente me he sentido identificada. Ni por un momento pienses que desprecio otros carácteres con los cuales es más fácil convivir.
Vuelvo a citar el artículo:
"...Es gente que, por ejemplo, sólo te pregunta aquello que de verdad desea conocer. Gente que te cuestiona cosas que los demás dan por sabidas. Y que, cuando habla, intenta ir hasta el fondo de lo que quiere decir, con todas sus dudas y sus emociones. Sacan su verdad a pasear, desnuda y frágil como un caracol que ha perdido la concha. Hay algo deslumbrante en esta gente tan auténtica, y algo también un poco incómodo, porque su presencia te hace agudamente consciente del peso muerto de todos tus tópicos..."
Es una actitud en la que me reconozco, ni buena ni mala (aunque sí, rotundamente incomoda), ni siquiera elegida, es innata. Cuando alguién me pregunta ¿qué tal? yo hago lo que nadie hace, que es explicar que las cosas no me van bien, si no me van. Prácticamente no sé tener una conversación vanal (creo que lo sabes y los problemas en mis relaciones con los demás que me da: como dice mi hermano :"Tú, siempre haciendo amigos)". Lo había intentado explicar en otro momento y lo definí así:
"...porque prácticamente no se hablar de cosas que no impliquen poner todo mi corazón en ello. Se podría decir que si una conversación no tiene un nivel profundo de pensamiento, no le entro..."
Seguro que no estaba bien descrito, pero es un sentimiento especial y simplemente me he sentido identificada. Ni por un momento pienses que desprecio otros carácteres con los cuales es más fácil convivir.
domingo, 31 de mayo de 2009
No me puedo resistir. Me siento tan identificada. No es tan bonito como lo pinta, pero hay gente que va con el corazón sangrando en la mano.
ROSA MONTERO: Maneras de vivir “El País semanal” 08/02/2009
"Muchos mentirosos y unos pocos auténticos"
El otro día vi un episodio de House en el que el enfermo, aquejado de una de esas pintorescas y rarísimas dolencias típicas de la serie, padecía una incapacidad absoluta para mentir. Lo cual acababa con su largo y hasta entonces feliz matrimonio, arruinaba la relación con su hijita y le convertía en un apestado social. La trama era muy exagerada, como siempre en House, pero no cabe duda de que la convivencia social necesita, para funcionar correctamente, cierta cantidad de mentirijillas. No le comentamos a la vecina, cuando nos la cruzamos por la escalera, que últimamente se ha puesto como una foca, y desde luego no solemos decirle al jefe que la idea que acaba de presentar tan engoladamente nos parece una completa necedad. Digamos que hay un cúmulo de mentiras cotidianas que son un mero producto de la buena educación y de la prudencia, y que, a no dudar, nos facilitan bastante la vida.
Pero no era de esas mentiras prácticas de lo que quería hablar, sino de las falsedades inconscientes. O aún mejor: de la autenticidad, que es el mismo tema, sólo que visto desde el otro lado. Todos, o casi todos, practicamos cierto grado de impostura. Unos más y otros menos, desde luego. Algunos hipócritas se han creado conscientemente un personaje público tan falso que cuando se les escapa una verdad se ruborizan. Otros son unos mitómanos empedernidos que se inventan a sí mismos cada día, con el agravante, o quizá el atenuante, de acabar creyendo sus propias mentiras. Pero la mayoría no llegamos a estos extremos, sino que nos movemos en una franja más o menos amplia de falsedades sociales y lugares comunes. ¿Cuántas veces decimos frases rutinarias o nos comportamos de determinada manera simplemente porque es lo que se espera de nosotros? ¿En cuántas ocasiones, después de hacer o decir algo, nos sentimos un poco incómodos, incluso abochornados, por haber actuado de una manera vacía, insulsa y automática? La directora de cine Pilar Miró decía que los hombres eran unas raras criaturas capaces de pensar una cosa, sentir otra, desear algo distinto, decir otra cosa y hacer algo diferente a todo lo anterior. Ella adjudicaba este comportamiento quíntuplemente contradictorio a los varones, pero yo creo que también las mujeres participamos de ello, aunque quizá en una versión ligeramente moderada: es posible que, por lo general, nosotras no tengamos una disociación tan grande entre la emoción y la razón.
En cualquier caso, estamos atrapados por las rutinas mentales y las convenciones. Parece mentira hasta qué punto nos puede tiranizar algo tan tonto como la costumbre social o el qué dirán. De hecho, hay tipos tan habituados a decir sólo lo que los demás esperan de ellos que ya no tienen ni idea de qué es lo que ellos opinan de verdad. Son esclavos de la buena educación.
Pero hay otros individuos, pocos, desde luego, que poseen una rara autenticidad. Y no es que sean maleducados ni groseros, no, nada de eso; también usan las inevitables mentiras prácticas y jamás llamarán foca a la vecina gordita. La diferencia está en que repelen los convencionalilismos igual que el aceite escupe el agua. Son incompatibles con el lugar común. Conozco a varias personas así de especiales, pero mencionaré sólo a una, porque es famosa: la humorista y dibujante argentina Maitena. Es gente que, por ejemplo, sólo te pregunta aquello que de verdad desea conocer. Gente que te cuestiona cosas que los demás dan por sabidas. Y que, cuando habla, intenta ir hasta el fondo de lo que quiere decir, con todas sus dudas y sus emociones. Sacan su verdad a pasear, desnuda y frágil como un caracol que ha perdido la concha. Hay algo deslumbrante en esta gente tan auténtica, y algo también un poco incómodo, porque su presencia te hace agudamente consciente del peso muerto de todos tus tópicos. Como mi ejemplo anterior del aceite y el agua: vaya un símil más gastado, qué vergüenza. Su veracidad esencial ilumina el mundo, pero a menudo el mundo es como uno de esos clubes de copas que, de noche y con la música y los focos, parecen sitios rutilantes, pero que vistos sin gente a la luz del día se revelan como antros apestosos llenos de mugre. Y, aún así, ¡qué sensación de hondura da esta gente auténtica! La vida, junto a ellos, parece mucho más grande y más intensa.
ROSA MONTERO: Maneras de vivir “El País semanal” 08/02/2009
"Muchos mentirosos y unos pocos auténticos"
El otro día vi un episodio de House en el que el enfermo, aquejado de una de esas pintorescas y rarísimas dolencias típicas de la serie, padecía una incapacidad absoluta para mentir. Lo cual acababa con su largo y hasta entonces feliz matrimonio, arruinaba la relación con su hijita y le convertía en un apestado social. La trama era muy exagerada, como siempre en House, pero no cabe duda de que la convivencia social necesita, para funcionar correctamente, cierta cantidad de mentirijillas. No le comentamos a la vecina, cuando nos la cruzamos por la escalera, que últimamente se ha puesto como una foca, y desde luego no solemos decirle al jefe que la idea que acaba de presentar tan engoladamente nos parece una completa necedad. Digamos que hay un cúmulo de mentiras cotidianas que son un mero producto de la buena educación y de la prudencia, y que, a no dudar, nos facilitan bastante la vida.
Pero no era de esas mentiras prácticas de lo que quería hablar, sino de las falsedades inconscientes. O aún mejor: de la autenticidad, que es el mismo tema, sólo que visto desde el otro lado. Todos, o casi todos, practicamos cierto grado de impostura. Unos más y otros menos, desde luego. Algunos hipócritas se han creado conscientemente un personaje público tan falso que cuando se les escapa una verdad se ruborizan. Otros son unos mitómanos empedernidos que se inventan a sí mismos cada día, con el agravante, o quizá el atenuante, de acabar creyendo sus propias mentiras. Pero la mayoría no llegamos a estos extremos, sino que nos movemos en una franja más o menos amplia de falsedades sociales y lugares comunes. ¿Cuántas veces decimos frases rutinarias o nos comportamos de determinada manera simplemente porque es lo que se espera de nosotros? ¿En cuántas ocasiones, después de hacer o decir algo, nos sentimos un poco incómodos, incluso abochornados, por haber actuado de una manera vacía, insulsa y automática? La directora de cine Pilar Miró decía que los hombres eran unas raras criaturas capaces de pensar una cosa, sentir otra, desear algo distinto, decir otra cosa y hacer algo diferente a todo lo anterior. Ella adjudicaba este comportamiento quíntuplemente contradictorio a los varones, pero yo creo que también las mujeres participamos de ello, aunque quizá en una versión ligeramente moderada: es posible que, por lo general, nosotras no tengamos una disociación tan grande entre la emoción y la razón.
En cualquier caso, estamos atrapados por las rutinas mentales y las convenciones. Parece mentira hasta qué punto nos puede tiranizar algo tan tonto como la costumbre social o el qué dirán. De hecho, hay tipos tan habituados a decir sólo lo que los demás esperan de ellos que ya no tienen ni idea de qué es lo que ellos opinan de verdad. Son esclavos de la buena educación.
Pero hay otros individuos, pocos, desde luego, que poseen una rara autenticidad. Y no es que sean maleducados ni groseros, no, nada de eso; también usan las inevitables mentiras prácticas y jamás llamarán foca a la vecina gordita. La diferencia está en que repelen los convencionalilismos igual que el aceite escupe el agua. Son incompatibles con el lugar común. Conozco a varias personas así de especiales, pero mencionaré sólo a una, porque es famosa: la humorista y dibujante argentina Maitena. Es gente que, por ejemplo, sólo te pregunta aquello que de verdad desea conocer. Gente que te cuestiona cosas que los demás dan por sabidas. Y que, cuando habla, intenta ir hasta el fondo de lo que quiere decir, con todas sus dudas y sus emociones. Sacan su verdad a pasear, desnuda y frágil como un caracol que ha perdido la concha. Hay algo deslumbrante en esta gente tan auténtica, y algo también un poco incómodo, porque su presencia te hace agudamente consciente del peso muerto de todos tus tópicos. Como mi ejemplo anterior del aceite y el agua: vaya un símil más gastado, qué vergüenza. Su veracidad esencial ilumina el mundo, pero a menudo el mundo es como uno de esos clubes de copas que, de noche y con la música y los focos, parecen sitios rutilantes, pero que vistos sin gente a la luz del día se revelan como antros apestosos llenos de mugre. Y, aún así, ¡qué sensación de hondura da esta gente auténtica! La vida, junto a ellos, parece mucho más grande y más intensa.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Quizás ¿porque no se lo he dicho a nadie?
Voy a daros un respiro, de momento dejo de escribir, para que no lo tengaís que leer y así nadie me eche en cara que no conteste.
(Es que soy retorcida, cada vez me parezco más a House)
Hoy lo último para Merche:
Extracto del artículo de El Pais semanal: “Si sabe sufrir, sufrirá menos” de Jenny Moix 17/05/2009
Una desgracia imprevista, la enfermedad o la pérdida de un ser querido llena de dolor nuestra vida. El sufrimiento es algo consustancial con la vida. Existe, está ahí. Pero si lo aceptamos, saldremos adelante.
A veces cuando sufrimos pensamos que somos unos incompetentes porque no sabemos afrontar adecuadamente los reveses de la vida. Entonces, nuestro sufrimiento aumenta. Interpretar el sufrimiento como algo natural puede proporcionar mucha serenidad.
El sufrimiento egocentrista nos vuelve hiperreflexivos; sólo pensamos en nuestro sufrimiento, en qué lo ha causado, y esta hiperreflexividad se puede volver en nuestra contra, pudiendo llegar a ser una de las causas de muchos trastornos mentales.
El sufrimiento puede acercarnos o alejarnos de los demás.
Pensamos que los que orbitan a nuestro alrededor no sufren como nosotros, así que no merecen nuestra atención, que debe ir dirigida sólo a nuestro padecimiento.
Creemos que son los demás los que deben girar a nuestro alrededor preocupándose por nuestro estado de ánimo.
Afortunadamente, a algunas personas el sufrimiento no los aleja del resto, sino que los une. De repente, al sufrir entendemos mucho más a las personas. En estos casos, el sufrimiento nos vuelve humanos y más lúcidos.
Un tipo muy acotado de sufrimiento son las fobias. Existen terapias de conducta realmente eficaces para estos casos.
No todos los miedos que experimentamos son tan específicos como las fobias, sino que son mucho más difusos, muchas veces no los podemos ni verbalizar. Estamos constantemente temiendo algo. Ante una sensación de sufrimiento tan inconcreto, parece que lo que da miedo es la vida misma. Y acabamos evitando vivir. Algunos se dan a la bebida; otros, al trabajo o entregándose a los demás y olvidándose de sí mismos; algunos, instalándose en rutinas.
Cuando somos capaces de mirar de frente el problema que nos preocupa, empezamos a actuar para solucionarlo.No olvidemos que lo que nos hunde más no es el sufrimiento en sí mismo, sino lo que nos perdemos por sufrir.
Bueno, parece que la solución es olvidarse de uno mismo. Yo lo veo un poco negro, que consiga algo.
Y una de mis frases favoritas:
“No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada. Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.” Antonio Machado.
Voy a daros un respiro, de momento dejo de escribir, para que no lo tengaís que leer y así nadie me eche en cara que no conteste.
(Es que soy retorcida, cada vez me parezco más a House)
Hoy lo último para Merche:
Extracto del artículo de El Pais semanal: “Si sabe sufrir, sufrirá menos” de Jenny Moix 17/05/2009
Una desgracia imprevista, la enfermedad o la pérdida de un ser querido llena de dolor nuestra vida. El sufrimiento es algo consustancial con la vida. Existe, está ahí. Pero si lo aceptamos, saldremos adelante.
A veces cuando sufrimos pensamos que somos unos incompetentes porque no sabemos afrontar adecuadamente los reveses de la vida. Entonces, nuestro sufrimiento aumenta. Interpretar el sufrimiento como algo natural puede proporcionar mucha serenidad.
El sufrimiento egocentrista nos vuelve hiperreflexivos; sólo pensamos en nuestro sufrimiento, en qué lo ha causado, y esta hiperreflexividad se puede volver en nuestra contra, pudiendo llegar a ser una de las causas de muchos trastornos mentales.
El sufrimiento puede acercarnos o alejarnos de los demás.
Pensamos que los que orbitan a nuestro alrededor no sufren como nosotros, así que no merecen nuestra atención, que debe ir dirigida sólo a nuestro padecimiento.
Creemos que son los demás los que deben girar a nuestro alrededor preocupándose por nuestro estado de ánimo.
Afortunadamente, a algunas personas el sufrimiento no los aleja del resto, sino que los une. De repente, al sufrir entendemos mucho más a las personas. En estos casos, el sufrimiento nos vuelve humanos y más lúcidos.
Un tipo muy acotado de sufrimiento son las fobias. Existen terapias de conducta realmente eficaces para estos casos.
No todos los miedos que experimentamos son tan específicos como las fobias, sino que son mucho más difusos, muchas veces no los podemos ni verbalizar. Estamos constantemente temiendo algo. Ante una sensación de sufrimiento tan inconcreto, parece que lo que da miedo es la vida misma. Y acabamos evitando vivir. Algunos se dan a la bebida; otros, al trabajo o entregándose a los demás y olvidándose de sí mismos; algunos, instalándose en rutinas.
Cuando somos capaces de mirar de frente el problema que nos preocupa, empezamos a actuar para solucionarlo.No olvidemos que lo que nos hunde más no es el sufrimiento en sí mismo, sino lo que nos perdemos por sufrir.
Bueno, parece que la solución es olvidarse de uno mismo. Yo lo veo un poco negro, que consiga algo.
Y una de mis frases favoritas:
“No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada. Yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.” Antonio Machado.
martes, 19 de mayo de 2009
A Merche, con cariño:
No escribo en tu blog porque no estoy a la altura: mi blog es solo de ideas o pensamientos que tengo que soltar. Además este solo lo leéis Claudia y tú, asi queda entre nosotras y es más intimo.
No soy escritora ni lo quiero ser, arriba la barca una, dos y tres.
Pero siempre, siempre, te leo.
Ademá práticamente te doy frases para que te ayuden:
"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades."
Miguel de Cervantes.
No escribo en tu blog porque no estoy a la altura: mi blog es solo de ideas o pensamientos que tengo que soltar. Además este solo lo leéis Claudia y tú, asi queda entre nosotras y es más intimo.
No soy escritora ni lo quiero ser, arriba la barca una, dos y tres.
Pero siempre, siempre, te leo.
Ademá práticamente te doy frases para que te ayuden:
"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades."
Miguel de Cervantes.
lunes, 18 de mayo de 2009
Para Claudia:
"Un hijo es como una estrella
a lo lejos del camino;
una palabra muy breve
que tiene un eco infinito.
Un hijo es una pregunta
que le hacemos al destino.
Hijo mío, brote nuevo
en mi tronco florecido,
si no sé lo que será
de ti cuando me haya ido...
si no es mío tu mañana,
¿por qué te llamo 'hijo mío'?
El tiempo, como un ladrón,
quiere robarme a mi hijo,
y llevárselo muy lejos
hacia un mañana indeciso
donde no pueda abrigarle
con el sol de mi cariño.
¡Es mío! le grito al Tiempo,
y el Tiempo responde:¡Es mío!
y así me lo va llevando
poco a poco de mí mismo,
igual que a una rama el viento,
igual que a una flor el río.
¡Mano cerrada y cruel
del porvenir indeciso,
abre un poco que yo vea
lo que le traes a mi hijo!
El es en mi vida todo
lo que tengo por más mío,
¡y no puedo ni quitarle
una piedra en su camino!
¡Qué vana cosa es el hombre!
¡Qué vano su poderío!
A eso que es toda su vida
y que es todo su cariño,
¿por qué con tan loco orgullo
le llama el hombre 'hijo mío'?
¿acaso es suyo el mañana?¿acaso es suyo el destino?"
Romance del hijo de José Maria Pemán.
"Un hijo es como una estrella
a lo lejos del camino;
una palabra muy breve
que tiene un eco infinito.
Un hijo es una pregunta
que le hacemos al destino.
Hijo mío, brote nuevo
en mi tronco florecido,
si no sé lo que será
de ti cuando me haya ido...
si no es mío tu mañana,
¿por qué te llamo 'hijo mío'?
El tiempo, como un ladrón,
quiere robarme a mi hijo,
y llevárselo muy lejos
hacia un mañana indeciso
donde no pueda abrigarle
con el sol de mi cariño.
¡Es mío! le grito al Tiempo,
y el Tiempo responde:¡Es mío!
y así me lo va llevando
poco a poco de mí mismo,
igual que a una rama el viento,
igual que a una flor el río.
¡Mano cerrada y cruel
del porvenir indeciso,
abre un poco que yo vea
lo que le traes a mi hijo!
El es en mi vida todo
lo que tengo por más mío,
¡y no puedo ni quitarle
una piedra en su camino!
¡Qué vana cosa es el hombre!
¡Qué vano su poderío!
A eso que es toda su vida
y que es todo su cariño,
¿por qué con tan loco orgullo
le llama el hombre 'hijo mío'?
¿acaso es suyo el mañana?¿acaso es suyo el destino?"
Romance del hijo de José Maria Pemán.
viernes, 15 de mayo de 2009
Y que me dices de esta:
“La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.” William Shakespeare.
Y de esta:
“Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos”. Gustave Flaubert.
Y para acabar:
“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Sigmund Freud.
“La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.” William Shakespeare.
Y de esta:
“Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos”. Gustave Flaubert.
Y para acabar:
“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo”. Sigmund Freud.
viernes, 8 de mayo de 2009
Dos.
Me emocionó vuestro apoyo. Aunque solo utilizaré este recurso en caso de necesidad absoluta de comunicarme (además está el telefono). Por un lado si es verdad el origen del contrablog, pero en marzo de este año. Por otro lado ayer estaba especialmente triste, pese a ser un día igual a otro, no dejaba de imarginar los últimos minutos de vida de mi madre.
"Hace dos años que mamá se levantó, y después de desayunar tranquilamente, se asomó a la ventana de la galería y dijo: “¡Qué día más bonito!”, como hoy, quizás un poco más fresco que hoy. Era lunes, yo había ido a la visita de obras de la ampliación de la “escola bressol Marrecs” de Sant Just, y había tomado un café en la terraza del bar del frontón con Sergio y Pedro de Penta; después había ido con Sergio a la visita de obras de la “escola bressol” de Cabrera de Mar. Hay conocí a xxx y como ella dijo luego, empezamos hablando de los hijos para acabar hablando de los padres. Allí me llamó Marta sobre la 1 para decirme que Ita estaba mal. A la 1,30 me llamó para decirme que Ita se estaba muriendo. Llamé a Alfonso y a José Antonio para que fueran a casa. xxx se ofreció para llevarme a Barcelona y llegué sobre las 2, llamé a Alfonso y me dijo que ya no se podía hacer nada. Es la hora que aparece en el certificado de defunción. A xxx era la primera vez que la veía y la última. Era una mujer mayor jubilada a la que Sergio había invitado a ir a ver las obras de la guardería, ya que ella había colaborado como especialista en métodos de puericultura para el cuidado de niños. Era una persona especial, con una sensibilidad especial. ¿Por qué vino ese día? ¿Para estar a mi lado? ¿Para cuidarme ese día?"
Ayer tenía la sensibilidad a flor de piel. Pero a partir de hoy, vuelvo a ser la de cada día.
Merche, si pudieramos hacer nuestro el poema de Santa Teresa, nos daría tranquilidad. Yo creo que fuera de la fé también se puede alcanzar esa paz.
Me emocionó vuestro apoyo. Aunque solo utilizaré este recurso en caso de necesidad absoluta de comunicarme (además está el telefono). Por un lado si es verdad el origen del contrablog, pero en marzo de este año. Por otro lado ayer estaba especialmente triste, pese a ser un día igual a otro, no dejaba de imarginar los últimos minutos de vida de mi madre.
"Hace dos años que mamá se levantó, y después de desayunar tranquilamente, se asomó a la ventana de la galería y dijo: “¡Qué día más bonito!”, como hoy, quizás un poco más fresco que hoy. Era lunes, yo había ido a la visita de obras de la ampliación de la “escola bressol Marrecs” de Sant Just, y había tomado un café en la terraza del bar del frontón con Sergio y Pedro de Penta; después había ido con Sergio a la visita de obras de la “escola bressol” de Cabrera de Mar. Hay conocí a xxx y como ella dijo luego, empezamos hablando de los hijos para acabar hablando de los padres. Allí me llamó Marta sobre la 1 para decirme que Ita estaba mal. A la 1,30 me llamó para decirme que Ita se estaba muriendo. Llamé a Alfonso y a José Antonio para que fueran a casa. xxx se ofreció para llevarme a Barcelona y llegué sobre las 2, llamé a Alfonso y me dijo que ya no se podía hacer nada. Es la hora que aparece en el certificado de defunción. A xxx era la primera vez que la veía y la última. Era una mujer mayor jubilada a la que Sergio había invitado a ir a ver las obras de la guardería, ya que ella había colaborado como especialista en métodos de puericultura para el cuidado de niños. Era una persona especial, con una sensibilidad especial. ¿Por qué vino ese día? ¿Para estar a mi lado? ¿Para cuidarme ese día?"
Ayer tenía la sensibilidad a flor de piel. Pero a partir de hoy, vuelvo a ser la de cada día.
Merche, si pudieramos hacer nuestro el poema de Santa Teresa, nos daría tranquilidad. Yo creo que fuera de la fé también se puede alcanzar esa paz.
jueves, 7 de mayo de 2009
Para Claudia.
Cero.
La verdad es que este blog nació como contrablog, aunque en realidad no iba en contra de nada, pero es que me gusta llevar la contraria en todo (“nada y todo” conceptos contradictorios que se empeñan en cruzarse en mi camino casi como sinónimos).
Una buena amiga ha empezado a escribir y se lo toma en serio, asiste a un curso, y lo hace a mi entender bastante bien (pese a que no domino el catalán, a mí, me lo parece), también le esta ayudando a curar su angustia vital. Total como nunca le doy mi opinión de sus escritos (menos a uno, por alusiones directas hacia mí) pensé: a cada relato suyo contrapongo el pensamiento (tipo cita, poema, libro, música, etc.) que me sugiera. Y aunque me parece interesante quizá no le guste la idea porque es interferir demasiado en su obra. Pero a esta altura ya tenía el blog creado.
Uno.
Por supuesto. Por si alguien lo dudaba, el día que estás más triste es el día en que puedes escribir. Parece que solo desde el dolor habla el corazón. Quería contarle esto a Merche y me ha salido un cachivache.
Las madres cuidadosas como hemos sido nosotras, al haceros mayores, sufrimos. Ya no tenemos el control de todos los peligros que os acechan. Lo que tenga que pasar pasará porque ya no está en nuestras manos llevaros de la mano, avisándoos.
En esto si que me educaron mal, pues en el colegio en particular, nos enseñaron la importancia del hombre (y mujer, Claudia) como individuo más que como colectivo.
Por eso mi creencia más arraigada es que todo tiene solución menos la muerte. Y de ahí que me cueste tanto asumirla.
No hay que darle tanto valor a la vida, como dice mi tía Trini, estamos de paso, nada nos pertenece ni nada perdura.
Leélo despacio:
"Nada te turbe, Nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta.
Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.
A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa.
Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda.
Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia.
Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.
Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro nada te falta.
Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, sólo Dios basta."
Santa Teresa de Jesús.
Cero.
La verdad es que este blog nació como contrablog, aunque en realidad no iba en contra de nada, pero es que me gusta llevar la contraria en todo (“nada y todo” conceptos contradictorios que se empeñan en cruzarse en mi camino casi como sinónimos).
Una buena amiga ha empezado a escribir y se lo toma en serio, asiste a un curso, y lo hace a mi entender bastante bien (pese a que no domino el catalán, a mí, me lo parece), también le esta ayudando a curar su angustia vital. Total como nunca le doy mi opinión de sus escritos (menos a uno, por alusiones directas hacia mí) pensé: a cada relato suyo contrapongo el pensamiento (tipo cita, poema, libro, música, etc.) que me sugiera. Y aunque me parece interesante quizá no le guste la idea porque es interferir demasiado en su obra. Pero a esta altura ya tenía el blog creado.
Uno.
Por supuesto. Por si alguien lo dudaba, el día que estás más triste es el día en que puedes escribir. Parece que solo desde el dolor habla el corazón. Quería contarle esto a Merche y me ha salido un cachivache.
Las madres cuidadosas como hemos sido nosotras, al haceros mayores, sufrimos. Ya no tenemos el control de todos los peligros que os acechan. Lo que tenga que pasar pasará porque ya no está en nuestras manos llevaros de la mano, avisándoos.
En esto si que me educaron mal, pues en el colegio en particular, nos enseñaron la importancia del hombre (y mujer, Claudia) como individuo más que como colectivo.
Por eso mi creencia más arraigada es que todo tiene solución menos la muerte. Y de ahí que me cueste tanto asumirla.
No hay que darle tanto valor a la vida, como dice mi tía Trini, estamos de paso, nada nos pertenece ni nada perdura.
Leélo despacio:
"Nada te turbe, Nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta.
Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.
A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa.
Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda.
Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia.
Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.
Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro nada te falta.
Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, sólo Dios basta."
Santa Teresa de Jesús.
lunes, 9 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)